Mi padre murió hace unos años y sin embargo ayer lo vi. Me lo encontré sentado en una terraza leyendo el diario y tomando un café. Era mi padre, no tengo ninguna duda. Antes de acercarme quise asegurarme que era él. Tomé asiento en esa misma terraza unas mesas más atrás y lo miré. Iba vestido con un traje gris y llevaba la corbata aflojada, seguramente acababa de salir de trabajar. La taza de café estaba casi vacía pero sin estarlo del todo, él nunca se bebía el último sorbo. Las gafas le resbalaban por la nariz, siempre las llevaba igual porque le apretaban. En la mano un cigarro a punto de consumirse, sino lo apagaba se le derramaría la ceniza encima, como tantas veces. Levantó la mirada y llamó al camarero. Estoy segura que le pidió una copa de coñac como era su costumbre, y así fue. Cada vez estaba más convencida de que era él. Volvió a levantar la mirada, probablemente para pedir la cuenta, y entonces fue cuando me vio. Creo que me reconoció porque durante unos segundos su mirada se quedó clavada en la mía. De repente palideció y sin apartar sus ojos de los míos se levantó apresuradamente y a trompicones se acercó a mi mesa: "Te pareces mucho a una hija mía que murió hace unos años".


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